Muchos piensan constantemente en el placer como algo momentáneo y efímero, algo que se hace notable en un espacio de tiempo muy reducido e, inmediatamente al instante, se esfuma sin dejar rastro y desaparece. Yo digo que esos no han conocido el verdadero placer en sus vidas.
Observarla, observar todos y cada uno de los detalles de su rostro... ojos, pestañas, cejas, nariz, labios, dientes, lengua, las pequeñas marquitas que surgen en sus mejillas cuando sonríe.
Su pelo. Oscuro, profundo, capta toda la luz, me deslumbra cuando camino a su lado, un túnel sin fin; su aroma, el de su pelo y el de ella, me incita a tomarla como si fuera una flor y a olisquearla hasta deshojar todos y cada uno de sus pétalos para no desperdiciar ni una sola gota de ese perfume tan dulce y a la vez violento que me envuelve.
Su movimiento. Sus pies, rodillas, piernas, caderas, su pecho... su cuello, sus brazos, codos y manos, su cabeza. Todo en conjunto crea una armonía inquebrantable, un ritmo imposible de perder, algo que tiene que haber existido desde siempre y finalmente se ha materializado en un sólo cuerpo capaz de transmitir esa expresión melódica de la naturaleza viva y exuberante.
Su pelo. Oscuro, profundo, capta toda la luz, me deslumbra cuando camino a su lado, un túnel sin fin; su aroma, el de su pelo y el de ella, me incita a tomarla como si fuera una flor y a olisquearla hasta deshojar todos y cada uno de sus pétalos para no desperdiciar ni una sola gota de ese perfume tan dulce y a la vez violento que me envuelve.
Su movimiento. Sus pies, rodillas, piernas, caderas, su pecho... su cuello, sus brazos, codos y manos, su cabeza. Todo en conjunto crea una armonía inquebrantable, un ritmo imposible de perder, algo que tiene que haber existido desde siempre y finalmente se ha materializado en un sólo cuerpo capaz de transmitir esa expresión melódica de la naturaleza viva y exuberante.
Amigos míos, eso es placer.
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