Diferentes a los demás, sin compararnos. Quiero que seamos nosotros mismos. Nosotros. Lo que hemos sido siempre.
Esa es la diferencia.
Que nunca nos ha importado lo que los demás dijesen, hicieran, pensaran... que siempre hemos tenido nuestra propia forma de hacer las cosas, teniendo en cuenta únicamente lo que el otro pudiera sentir. Siempre. Aun cuando hemos hecho algo que no estaba del todo bien, hemos sido conscientes del efecto que tendría sobre el otro, para llamar su atención, simplemente para despertar sus celos. Esos celos que bullen por dentro y hacen que quieras explotar; tienes esa ligera sensación de que la vas a perder, aunque al mismo tiempo sabes que te ama a ti. Es como un juego que nunca parece terminar, un juego que alimenta esa llama de la pasión para que no se apague jamás.
Su mirada fija, penetrante, verdadera. Expresa mucho más que cualquier dicho o discurso. Sólo con sentirla, sin llegar acaso a establecer un contacto visual directo, te hace saber que te desea y que nunca te dejará. Te sientes por un momento la persona más única y feliz del mundo. Posees la fortuna de tenerla y eso vale más que cualquier otra cosa en este universo. Piensas que va a ser así para siempre, y deseas con todas tus fuerzas que nunca cambie porque sólo así puedes ser tú mismo, te sientes completo y tienes la necesidad de compartir con ella todos tus momentos, buenos y malos, tus sentimientos, tus emociones y todas y cada una de las cosas que conforman tu persona.
Ójala esto perdure así para siempre... porque será cuanto dure mi felicidad.
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