A veces, todos necesitamos de un cambio. Cambiar en el sentido más amplio de la palabra: mirar en otra dirección, tal vez aprender a echar a volar por un cielo que jamás antes hayamos surcado ni imaginado, un mar de esperanzas que se pueden abrir en cualquier momento ante nuestros propios ojos.
Y es que, si nos detenemos de vez en cuando a analizar lo que nos rodea, podemos darnos cuenta de que todo gira en torno al cambio; y sí, digo GIRA. Ese giro puede ser más grande o más pequeño, más amplio o más cerrado, pero siempre giro.
Pero ese giro debe seguir siempre unos patrones. Unos patrones que lo sean y lo dejen de ser al mismo tiempo. En realidad, creo que hay un único patrón, que deja de serlo a la vez: nuestro corazón.
Es capaz de guiar nuestras acciones de la forma más natural posible, hacer que ese giro se ponga de nuestro lado y nos haga movernos en la dirección y sentido adecuados para cada uno, sólo así pudiendo cubrir nuestras necesidades de una forma plena.
Ni la razón ni nuestro más profundo sentido común nos podrán señalar el giro que nos haga felices por completo. Sus curvas van marcadas por los latidos de nuestro corazón, que da consciencia a nuestra razón para seguir el giro que le viene dado.
"Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos." - Antoine de Saint-Exupéry
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