Se aleja... se distancia, cada vez más lejos, y no sé por qué. Parece que cada suceso es una excusa más que suficiente para que se vaya, para que me abandone.
En realidad, no sé. No sé por qué pasa todo esto, no sé por qué cada vez la noto menos conmigo, menos en mí, menos mía. Y es que no es ni tan siquiera una sensación de dolor o de tristeza... no, no; es esa sensación de carencia de vida que me viene con tan sólo imaginar que algún día fuese así de verdad. Y a veces pienso: ¿por qué obsesionarme con algo que tal vez, o bueno, siendo francos, seguramente ocurra, si aún no es así?, ¿por qué no aprovechar el momento que tengo ahora delante de mí y olvidarme de las suposiciones que invaden mi mente?
Esas preguntas siempre rondan aquí dentro, y tienen la entera pretensión de convertirse en intenciones, en intenciones de olvidarme de todos mis pensamientos, recuerdos, sensaciones e incluso sentimientos pasados y vivir los que precisamente ahora, en este mismísimo instante, se están creando en mi cabeza. Quizás así pueda disfrutar más el día a día, cada minuto, cada segundo... porque no habría una conexión sólida entre ellos, habría una simple relación de causalidad momentánea que dejaría de existir, ya si lo prolongáramos demasiado, al final de cada jornada cuando me fuera a la cama y mi mente se sumiera en un profundo sueño del que despertaría como nueva.
Pero eso no es posible. Y no, no sirve de nada engañarse pensando que tal vez haya alguna forma de hacer algo parecido, porque no la hay. No y punto. Estamos plenamente condenados a vivir de nuestros recuerdos, a mirar atrás y ver qué es aquello que nos ha sucedido para saber cómo demonios debemos actuar ahora.
Ninguno de nuestros actos es puro, ninguno ha surgido de la nada o brotado de repente por arte de magia. Todos ellos están más que controlados por nuestra mente, la cual, a su vez, ha sido dirigida y manipulada por otras superiores que lo fueron en su día por otras que... y así sucesivamente.
Y es un hecho. Un hecho que debemos afrontar, en cierto modo. Porque claro, todos pensaréis: "Hombre, pues yo sí que he hecho alguna vez algo que haya salido sólo de mí, algo que no imaginé nunca que podría hacer...", etc. Pero que levante la mano aquél que cree que siempre hace lo que siente, y digo "cree", porque saberlo es demasiado decir. Siempre hay alguna ocasión en la que creemos que tenemos que cohibirnos de actuar de forma natural, ya sea por convención o... por convención.
No hay comentarios:
Publicar un comentario