Estaba oscuro, y yo acabado, hasta que besaste mis labios y me salvaste.
Mis manos eran fuertes, pero mis rodillas demasiado débiles para permanecer en tus brazos sin caerme rendido a tus pies...
Y prendí con fuego la lluvia, viéndola caer a cántaros mientras tocaba tu cara.
Y ardía mientras yo lloraba, porque la escuché gritar tu nombre...
Cuando me tumbo contigo, podría quedarme ahí, cerrar mis ojos y sentirte aquí para siempre.
Tú y yo juntos; nada mejor que eso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario