<< Me lleva de la mano al parque. Hace un día estupendo, muy soleado, apenas puedo ver bien y tengo que entrecerrar los ojos. Pero ya lo veo allí. Me encanta bajar al parque.
Y es que con él me lo paso genial. No es como cuando vengo con mamá, que está siempre pendiente de que no me aleje demasiado, me tropiece con algo o me haga alguna herida; y no es que no me guste venir con mamá, claro que me gusta; pero con el abuelo sé que puedo jugar a lo que quiera, y además hasta que me canse. El otro día, en cambio, yo quería montarme en unos columpios nuevos que han puesto en mi parque favorito, y entonces él se limitaba a verme subir y bajar del tobogán, alerta de que no me pasara nada pero con una amplia sonrisa de felicidad en su cara; y yo sabía que era de felicidad, porque se le notaba.
Además, todas las tardes que salimos juntos, hacemos alguna que otra parada y vamos a la tienda de chuches para comprar algo que merendar, y cómo no... gominolas, que sabe que me encantan. Cuando terminamos de comprar lo que queremos, nos vamos a un banco de la plaza y nos sentamos a comérnoslo y a descansar un rato, porque luego habrá otra tanda de juego agotadora.
Hoy, para no romper con la rutina, llegamos al parque y nos instalamos en un banco que nos gusta en el que da la sombra, y allí dejamos nuestras cosas: mi mochila y su paquete de cigarrillos de la marca "Bisonte".
No hay comentarios:
Publicar un comentario