Entro en esa habitación, nuestra habitación de siempre. Y ahí estás tú, tumbada sobre la cama, mirándome, sin decir una palabra.
Silencio. Sólo se escucha silencio, se respira silencio, se huele silencio. Incluso puedo llegar a palparlo. Invade de una manera sobrecogedora mis cinco sentidos y los anula por completo. Y ahí estás tú, en esa habitación, nuestra habitación de siempre.
Tus ojos me llaman para que vaya, me atraen como imanes superpotentes y me dejan sin fuerza posible para resistirme a tu encanto. Y es que todo se resume a eso; simplemente tu encanto.
Niña o mujer, contenta o enfadada... ahí estás tú, en nuestra habitación de siempre.
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