Y es que a veces sientes que no puedes dar un paso más. Das uno, y de repente retrocedes dos. Parece que estamos presos en una cárcel sin salida, condenados a cadena perpetua.
Por qué no puedo sacarte de mi cabeza de una vez. Por qué me cuesta tanto asumir que tú y yo nunca vamos a tenernos. No puedo imaginarme otros besos que los tuyos, ni otras manos que no sean las tuyas. El recuerdo me mata por dentro, me consume como si fuera un cirio a punto de llegar a su fin. Necesito respirar y tú no me das aire, me asfixias con tu aroma empalagoso que me hace querer cada vez más.
Ojalá tuviese la fuerza suficiente para decir "ya", para poder poner fin a este juego que me tiene muerto en vida y me exprime hasta el último segundo de mi día. Quiero levantarme y que lo primero en lo que piense no seas tú, ni que tu maravillosamente increíble sonrisa aparezca en mi mente así, sin pedir permiso alguno.
No sabes cómo me siento cuando me dices que a veces sí y a veces no, cuando sé que yo para ti no soy ni la mitad de lo que tú eres para mí. En algunos momentos creo que lo mejor es alejarme de ti, no tener nada relacionado contigo cerca, sacarte de mi vida igual que entraste en ella. Pero es que sé que jamás sería feliz si viviese con la incertidumbre de haber dejado pasar la posibilidad de ver brillar esa mirada una vez más.
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