lunes, 11 de junio de 2012

Semillas.

Aún a veces me pregunto qué me hiciste, qué fue aquello que vi en ti que me hizo perder el sentido de mi vida y empezar a seguir tus pasos como guía de mi todo.

Y no sabes nada. Ignoras por completo la ilusión que me invade cuando te veo, la felicidad que está presente en mí si te siento cerca. Esas sonrisas que me salen así, porque sí, sin una razón aparente. Para ti todo es un juego, o un entretenimiento sin fuste al que no das importancia alguna.
Y es entonces, cuando me doy cuenta de que es así, que toda esa felicidad se torna en tristeza; que desaparece mi sonrisa, aunque quede dibujada en mi cara. No sé qué quieres de mí, en ocasiones incluso ni sé si quieres algo. No sé cómo decírtelo, cómo aclarar todas mis dudas, que me matan por dentro. No te pido nada, sólo que me des algo en lo que creer o que no me des nada.

Creo que, sin darnos cuenta, ambos sembramos una semilla juntos hace tiempo. De ella germinó una hermosa flor. Pero como toda planta, necesita ser regada y cuidada de vez en cuando. Pienso que a veces se te olvida regarla, no quiero que te sientas con la obligación de hacerlo, pero esa flor no es una flor cualquiera, y necesita que la alimentes casi tanto como lo hago yo, aunque a veces me da la sensación de que la voy a ahogar. Pero es que no quiero que se marchite. No puedo ver cómo a veces adquiere ese color oscuro cuando no la miras, cuando le das la espalda y sigues tu camino sin reparar en su presencia.
Ese tono enfermizo le viene dado por la falta de luz. Tu luz.
Sí, eres su Sol particular.

Sólo te pediré una cosa. La primera y única que te pido desde que me topé contigo: cuando quieras, aunque sea muy de vez en cuando, abre esa cajita donde se encuentra escondida y aliméntala con tu luz para que no muera nunca.

Romance. Osadía. Sonrisas. Agridulce.

No hay comentarios:

Publicar un comentario