Qué raro es ver cómo de repente comienzas a significar nada para personas para las cuales significabas tanto, y sientes como que algo se te va sin control alguno. Se te escapa, se esfuma. Las miradas no son iguales, ni siquiera la manera en que se expresan cuando se dirigen a ti y te hablan...
Y te empiezas a desplazar, porque ya no perteneces a donde estabas. Quizá nunca lo hiciste.
Pensamientos que se estropean como el agua embotellada, que al abrirla se oxida inmediatamente creándose burbujas en su interior que la dejan muerta, vacía.
Lo mismo los sentimientos; si no son más que pensamientos guardados en el pecho. Pero son los que te dan fuerzas para coger un lápiz y acariciar el papel, para crear imágenes en tu cabeza y querer plasmarlas, para escribir palabras que se unen en tu mente aunque no tengan ningún sentido, para hacer rosas de papel que parecen más hermosas que las de jardín.
Porque esas comisuras no se besan porque sí, ni ese aliento puede dar tanta vida por solo existir.
El tiempo habla del tiempo; las medias sonrisas, de las cicatrices.
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