Podemos pasarnos minutos, horas, días, meses... incluso años, absortos en una realidad fingida, y no darnos cuenta de lo que está pasando. Echas de menos cosas, momentos, personas... sensaciones, y no haces nada por evitarlo, por tenerlo, por acabar con esa sensación de falta que tienes dentro desde hace un tiempo.
Yo echo de menos momentos. Momentos únicos que están grabados en mi memoria y que, al recordarlos, me trasladan exactamente a ese instante y algo por dentro se me encoge y me aprieta haciéndome sonreír o llorar, a veces ambas cosas a la vez.
Las personas no se olvidan como se olvida un número de teléfono o una lección de historia, que a medida que pasa el tiempo no lo recuerdas por completo o bien no lo recuerdas en absoluto; las personas se aferran y no se sueltan nunca, tienen esa jodida costumbre de quedarse en ese lugar que se ganaron para siempre, incluso aunque después la hayan cagado y ya no "quieras saber" más de ellas; y digo "quieras saber" porque en el fondo quieres, aunque luches por evitarlo y por querer eliminarlo de tus prioridades.
Recuerdo tantos momentos, tantas risas, tantos llantos... tantos ratos que, sin saberlo, se convertirían en especiales por solo un minuto de carcajadas, por un abrazo en el momento oportuno, por una sonrisa que desprende comprensión y entendimiento, por ese apoyo incondicional que, aunque no se diga, está ahí. Y convertirse en alguien tan especial poco a poco, con el paso de los años, es algo que no se pierde ni en un instante ni en un siglo. Se queda así, por los restos, intocable.
Pasan por mi cabeza días en los que estaba triste y con solo salir a pasear un rato con ellos, toda esa tristeza se borraba. Consiguieron darme todo eso que en su momento me faltaba, me llenaban de alegría con el mero hecho de estar conmigo, y eso... eso, señores, no se paga con nada.
Con el tiempo me he dado cuenta de que sabes que a alguien le importas cuando tus alegrías son las suyas, y comparte tus tristezas como si fuesen propias. También me he dado cuenta de que no hay nada que valga más que eso, y que la única manera de sentirte bien es teniendo a aquellos que lo hacen y que, al mismo tiempo, son aquellos por los que tú quieres hacerlo.
Todavía me lleno de alegría al ver nuestras fotos de hace años, al ver que hemos crecido y que somos quienes queremos ser... y aunque a veces las cosas no sean como queremos, en mi corazón quedarán congelados todos esos momentos acompañados de sensaciones y sentimientos indescriptibles que sólo nosotros entendemos.
Sólo puedo decir...
GRACIAS.
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