Mira a tu alrededor. Mira en todo lo que nos hemos convertido, en ese pedacito de mundo que gira sobre sí mismo, a su manera, sin contemplaciones. Somos momentos, sonrisas, lágrimas, felicidad y tristeza. Somos todo, pero nada. Todo lo que nos esforzamos a diario sin saber porqué, sin pararnos ni un segundo a pensar en la razón por la que hacemos las cosas, en el fin mismo del asunto... y nunca es suficiente.
¿Nunca has sentido querer parar el universo y que todo quede como está? Cuando todo está aparentemente bien, cuando reina la calma y puedes respirar e incluso oler el aire fresco, ver el sol brillar de verdad y deslumbrarte con su luz. Ahí es cuando te veo yo. Vienes y te me antojas tempestad y murmullo, bajito, silencio, palabras ininteligibles que rozan mi oído y se escapan volando... como una cría de gorrión que vuela por primera vez de su nido.
Estamos parados frente al devenir, ¿cómo se entiende eso? Si todo cambia, aunque estemos quietos, sin movernos, sin respirar... estamos cambiando, ¿no es eso? Pues que alguien me lo explique.
La propia vida nos va matando, a veces poco a poco, otras de repente... pero, ¿cuál es la diferencia? ¿Es entonces del todo cierto aquello de que "el orden de los factores no altera el producto"? Qué de cosas incoherentes nos van metiendo en la cabeza ya desde pequeños... y lo llaman razón. Soberana gilipollez.
Pues bien, es hoy y ahora y no otro día ni en otro momento cuando, de repente, me empiezo a dar cuenta de que esto a lo que llamamos vida no es ni por asomo lo que nos cuentan, ni siquiera lo que hemos creído que era durante todo este tiempo, a pesar de nuestra experiencia. Qué se puede decir de algo que nunca se mantiene, que cambia constantemente y para todos de manera distinta; de algo tan inmenso que jamás podremos abarcar por mucho que queramos, de lo que tú ves una parte y yo otra, jamás iguales. No podemos dar más que la visión de un par de ojos que se encuentran en situaciones distintas a cada segundo; jamás respiraremos del mismo aire porque es único, el que entra por mi nariz en este preciso instante, baja a mis pulmones y se queda dentro de mí hasta que lo expulso, convertido en algo completamente distinto... Eso somos.
Estamos absortos por aquello que queremos llegar a ser y ni siquiera sabemos lo que somos, o por qué lo somos, o cuándo y cómo lo somos.
A veces, simplemente prefiero no preguntarme nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario