No sé si es el frío de este verano gélido, o el calor que me falta desde hace varios inviernos. Quizás el corazón a veces se congela... tanto, que hasta en ocasiones parece que se quiebra.
Noto el pecho como un saco de serrín al que le lanzan puñaladas, y se vacía, poco a poco. Ya a veces ni duele, solo llegan, se clavan, me vacían y se van.
No quiero pensar en qué me he convertido, porque lo único que siento es que me voy apagando poco a poco, voy desapareciendo, como una nube de humo que asciende y se esclarece rápidamente hasta confundirse con el cielo... Pero no siento esa paz que brinda el esfumarse, la calma que a veces mi corazón necesita y mi cabeza me reclama, las tardes mirando al horizonte viendo la vida pasar y el tiempo en mis manos escaparse. Veo mi juventud dentro de unos años, perdida en el pasado, queriendo regresar, llena de prejuicios, exenta de valores...
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