domingo, 23 de junio de 2013

Anclaje.

Qué de cosas invaden nuestra mente en distintos momentos a lo largo del día; qué de pensamientos tan diferentes se amontonan en nuestra cabeza y nos hacen el camino completamente distinto a lo que solía ser.
Cuando no tienes nada que decir, pero quieres hacerlo; cuando estar solo ya no es un privilegio y lo que necesitas es ojos y miradas sobre ti.
Siempre añoramos aquellos años en los que las preocupaciones no existían y todo tenía solución. Aquellos momentos en los que nada ni nadie dependía de lo que dijéramos o hiciésemos, en los que escondernos tras la cortina era la vía de escapatoria más rápida y eficaz de todas.
A veces ya no me puedo creer esas teorías de las "esencias", de que todo tiene algo que se mantiene y no cambia con el tiempo. En ocasiones, pienso que sólo es aplicable en mí.
Todo a mi alrededor cambia, a pasos agigantados. Los ancianos son más ancianos, a los adultos les salen arrugas, los niños son adolescentes y los bebés, niños. Qué cosa tan obvia y, en cambio, cuánto me cuesta asumirlo. Hubo un tiempo en el que todo parecía estar siempre exactamente igual.
Entender que el tiempo pasa y nos mueve con él, aunque permanezcamos en el mismo sitio.
Por mucho que luches por evitarlo, lo único que vas a conseguir es darle permiso para arrastrarte aún con más fuerza.


"Somewhere in my memory
I've lost all sense of time..."


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